El Cementerio de las Palabras

Hoy de nuevo cerraremos los ojos esperando con devoción una nueva noche ártica y del negro más puro -no como el de la oscuridad sino como el del ébano-. Así nuestros pulmones se anegan en un sueño, que envenena y que sana. Sueños de noches árticas, que envenenan y que sanan. (Cierra los ojos. Escucha en la oscuridad como resuenan las cajas de música. Inténtalas parar.) Nacho Vegas

lunes, marzo 05, 2007

Existencia

Hace ya tiempo que nadie escribe sobre las hojas del cuaderno de bitácora de esa nave a la deriva. La humedad lo empapa todo, con su olor ponzoñoso a muerte y esa sensación de recuerdos dolorosos. Sí, ya sé que la vida es intensa y hay que manejarla deprisa, para convertirte en un bonito cadáver. Sí, ya sé que la vida ocupa más latidos al corazón y más bocanadas al aire que cualquier droga dura que puedas probar. Las ilusiones se diluyen en un vaso de sangre medio vacío mientras tus pasos se dirigen a la proximidad de una tumba con tu nombre.
Las hojas caducas de los árboles hace tiempo que dejaron de barrer el suelo y las nieves en otra época posiblemente eternas, ahora son pequeños riachuelos que se mezclan con el polvo del camino. Dentro de nada el sol abrasador nos secará como pasas amargas y buscaremos la sombra de una terraza para podernos tomar un vermut, un Martini blanco con hielo –mucho hielo- y unas aceitunas estaría bien. Y la playa volverá a ser una rutina de delicioso cansancio y de sudor con sabor a sal.
Pero allí, en la lejanía de tu torreón, en ese valle donde habitas, puede que todo esto se revele como un nostálgico recuerdo de tiempos mejores. Rodeado de hormigón, naves industriales y olor nauseabundo de ríos infectos, de productos químicos y nuestra propia miseria, ya nadie se acuerda de las palabras escritas sobre un papel manchado de cera y gotas de vino, de un proyecto que nació como demostración de que entre todas estas estupideces, siempre se puede sacar algo bello.
Esperemos que este periodo de transición se antoje pasajero y fugaz para volver a escuchar penetrantes melodías mezcladas con imágenes alucinógenas y risas distorsionadas sobre si tú o yo estamos muertos, ¿o qué?... y es que todavía nadie se ha dado cuenta de nada.



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martes, junio 06, 2006

Condenado.Crónicas de luna llena.


Desdicha de aquel día, sin luz en su destierro.
El vagar eternamente entre muertos vivientes,
almas perdidas, cuerpos infieles, almas corruptas.
Era su condena, y él lo sabía.

Despreciado por su condición, maldijo el mundo que le vio morir,
renegó del Dios que no le concedió perdón,
de ser lo que no eligió.

Templada noche.
Él le regaló su acogedor abrazo,
como nunca antes. Sensación única.
No es oro, lo que en su rostro se refleja.
Redondeada plata, resplandeciente en lo alto de la nada.

Él tenía los ojos enrojecidos,
como el más violento atardecer, el más violento anochecer.
La vela se apagó cuando él lo mandó.
Era su condena.

Un grito al cielo, una oscura agonía,
lágrimas en los cristales.
Ella pagó el precio, desgraciado cruces de caminos.
La desgarró poco a poco,
desde sus piernas,
hasta lo más profundo del alma,
le dejó su huella.

Ella le suplicaba piedad,
él la miraba con frialdad,
sus ojos también lloraban,
por los pecados cometidos.
Puso fin al calvario,
la mató,
era su condena, él lo sabía.

Él desapareció por el enjambre de alquitrán.
La soledad su mejor amiga.
Sale el sol por un firmamento turbio y gris.
Desgraciado otro nuevo día.

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lunes, marzo 20, 2006

La Salida. Crónicas de Luna Llena.

Tu sabes, que él ha encontrado una cura. Tu sabes cual es, porqué él te la explicó.
Sabes que él se perdió.

Él solía quedarse despierto, expectante, antes de que saliera el sol, esperando una señal, una voz, durante toda la noche.

Para poder avivar sus sueños, él quería creer en las manos del amor.

Un lobo aullaba en la más absoluta lejanía de su corazón, entre los árboles de un bosque de lamentos.

Él sentía la cabeza pesada, caminando por la desértica tierra, que esterilizaba su vida, pero seguía, y seguía a pesar del frío; y pasaba y pasaba el tiempo,... y no llegaba al horizonte.

Él intentaba salir de los recuerdos del pasado, implorando a las manos del amor, para que le devolviese su fuerza.

El lobo dejó de aullar y desapareció, como un corazón roto por desgaste del tiempo, como polvo en el viento, que enfriaba sus huesos. Él dejó de creer en las manos del amor.

Él se hundió en lo más profundo del negro, en lo más profundo del blanco.

De cansancio cedió y se sentó.

Mientras observaba las estrellas brillar como clavos en la noche, unas gotas de fina humedad caían en su rostro, como caricias de un ángel que le observaba durante toda la noche.

Sentía la cura, sí que la sentía, al menos por esa noche, y era todo para él. Como esas estrellas brillantes, su rostro brilló, de arriba a abajo. Él quería creer en las manos del amor.

Con las manos en los bolsillos, guardó las garras de fuego que le protegían, y pudo sentir su corazón latiendo, latiendo, fuerte,... y sentía el calor de los primeros rayos del amanecer. Ahora él podía descansar...un día más.

Él vio que las manos que construyen también pueden demoler; son las manos del amor.

Se levantó y se marchó.

Sueños del futuro.

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